Aprendiendoaescribir's Weblog

Archive for mayo 2010

Sé que volveré.

Barcelona es la ciudad de mis sueños adolescentes. Cuando creía que Zaragoza era un agujero negro para cualquier cosa que desprendiera un leve hedor cultureta, Barcelona era el objetivo, era la tierra firme que quiere pisar Ariel. Luego conseguí mi par de piernas y me dí cuenta de que me interesaba ver «más, mucho más», aunque Barcelona siempre seguirá ahí con sus recuerdos: viajes con mis padres, con el cole, la segunda ciudad grande de mi vida (Paris, Paris, estás lejos de aquí). Las visitas a mi hermana cuando empezó la carrera, mi tía abuela Leonor, que vivía detrás de la Boquería, los conciertos a los que iba cuando estaba en la uni y, por último, aquella comida estupenda con los compañeros guionistas. Tos, jarabe de Fernet y un camarero que nos miraba mal en el Raval… He vuelto demasiadas veces con gripe de esa ciudad.

Pero hoy no. Este último viaje ha sido diferente. Relax, aprovechar que me alojaba en la Barceloneta,en buena compañía. Playa y piscina. Ayer Àngels me llevó por el Gótico. Antes yo me había puesto mi disfraz de turista y me había  paseado hasta la plaza de la Catedral, donde me encontré a varios grupos de jubilados bailando sardanas. Como los círculos del maíz pero con un pasito a la izquierda, otro a la derecha, un saltito. Todos con la cabeza bien alta. Qué majos y qué divertidos, aunque la sardana tenga la cualidad de traspasar mi umbral de paciencia musical cual house folclórico.

Seguía con el disfraz intacto y entonces me encontré con mi amiga, que me arrastró como un torbellino por calles apestadas de visitantes. «Esto se ha convertido en Port Aventura». Àngels no paraba de repetirlo, con una agudeza y un humor ácido que me consta que no están recibiendo el trato que se merecen últimamente (a los culpables, mi más sentida pedorreta y una sentencia: «vosotros os lo perdéis»). Pero mi guía, mi  conejo de Alicia made in Sabadell, se conoce el Gótico como la palma de su mano y me llevó a tomar el té de las ocho y luego a por unos combinados que deberían llamarse «despiertamonjas». Hablamos de cien cosas, aunque en la orden del día figuraban unas dos mil. Cerramos en alto, con que me devolvería la visita.  Por la noche, cena con mi hermana y un mojito.

Y la guinda de mi viaje, haber contado con la compañía de un libro que ya visité antes, en otros lugares. Esta obra maestra:

‘Family’, I say. Grandma invented this family. She put it together out of wathever came to hand- a stray pair of orphaned babes, a ragamuffin in a flat cap. She created it by sheer force of personality.

Los viajes son el alimento del peregrino circunstancial y repetir es el placer más goloso.

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Aquí dejo este texto que escribí en el último cumpleaños de mi «mamma». Los vínculos familiares (de sangre o de convivencia) mueven el mundo. Madre no hay más que una y a ti te encontré en un bar. Que El Corte Inglés se aproveche de ello no tiene nombre, pero qué le vamos a hacer.

Emilia llegó a este mundo un frío día de Febrero y los que teníamos que llegar después le estaremos eternamente agradecidos. Emilia es la ley y la luz. La promesa de que otro mundo, tu mundo, es posible. De ella aprendes cómo luchar para hacerlo realidad. Emilia es el amor que no conoce límites y a veces te desborda, pero casi siempre te achucha y te protege, aunque le cueste mucho dejarte marchar.

Emilia se mira en nuestro espejo y revela sus múltiples formas: roca de acantilado, perro guardián, cama recién hecha con olor a sábanas limpias, paño de lágrimas, payasa estrella de un espectáculo que inventó ella. Y cuando Emilia se ríe y se pierde y se deja llevar, te arrastra en su torbellino. Si sabes navegar en ese huracán de caóticas y divertidas conexiones mentales, podrás vislumbrar a la Emilia verdadera. Radiante, ácida, cómoda en el lugar que tanto ha trabajado por conseguir. El suyo para ella pero también para los suyos.

Emilia es muchas cosas que no alcanzamos a describir con palabras y las piezas del puzzle nos las tendrían que dar otros, los que están con ella en las demás facetas de su vida. Emilia es mucho mejor que un sueño hecho realidad, es una persona de verdad. Emilia es nuestra madre.

El culebrón ha vuelto a la ciudad. En realidad nunca se fue, pero ahora con Gran Reserva (Bambú Producciones) y  Gavilanes (Gestmusic) ha dejado el sofá de la sobremesa para ocupar un trono de prime time en el que hacía tiempo que no lo veíamos. Y a juzgar por los resultados de audiencia, parece que se está acomodando en su nuevo asiento. Vamos por canales.

La apuesta de La 1 es una historia de ambición y poder, con dos familias bodegueras riojanas enfrentadas por  el  triunfo en el competitivo mundo vinatero.  Glamour rural e intrigas telenoveleras que, para mí, no consiguieron cuajar, a pesar de un piloto con un arranque potente, actores con reclamo (Ángela Molina, Tristán Ulloa, Paula Echevarría) y presupuesto. Y es que el tonillo  de thriller se me terminó de desbaratar cuando el personaje de Tristán Ulloa se despierta del coma y está amnésico (adiós misterio sucio, hola A propósito de Henry). Un Falcon Crest a la española que promete barrazo. Y sólo por eso espero que les vaya bien.

"¿Cómo? ¿Que papá prefiería la cerveza? No me lo puedo creer..."

Pero esta producción no es la única que tira de viejos conocidos. Las aguas del culebrón son generosas y sus manantiales abundantes, y Antena 3 ha decidido beber de ellas en una adaptación de la aclamada coproducción de origen colombiano Pasión de Gavilanes. La versión patria se llama Gavilanes y, por desgracia, parece que la pasión no se ha caído solamente del título. Recuerdo cuando esta misma cadena emitía la versión del 2003, con aquellos pelazos, aquellos hermosos acentos latinos, esos personajes femeninos tan retrógados y a la vez tan echados para delante (En alguna parte del mundo hay un doctorando escribiendo una tesis sobre la revolución  en el culebrón que supuso la política sexual de Pasión de Gavilanes y brindo por ello) y grandes momentos de elegante histrionismo melodramático, tal y como los pide el género.  Una pena que la versión de Getsmusic sea tan descafeinada, que desaproveche a la inmensa Carme Elías y en general, que sea otra serie nacional que no consigue engancharme.

El buenorrismo perdura, pero los sombreros de vaquero pasaron a mejor vida.

¿Más de lo mismo? Claro. Aunque es lo de siempre: si funciona, bienvenido sea.


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Teasing and braiding can, like any craft, be learned. But as to determining which episodes hold promise (as oysters hold pearls), it is not without justice that this art is called divining.

PARTIDA DE NACIMIENTO