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Soy una chica fácil, lo reconozco.  Me río con (casi) cualquier cosa, pero me gusta pensar que esto de ser una laugh-slut (guionistas de Cómo conocí a vuestra madre, gracias por acuñar este término grande, grande) más que volverme una espectadora sin cerebro me convierte en un ente predispuesto a disfrutar de los miles de matices que ofrece esa gran arma de construcción masiva: EL HUMOR. Por eso admiro a la gente como esta:

Sus programas podrán gustar más o menos, pero es verdad que Andreu y su equipo (delante y detrás de las cámaras) se esfuerzan por hacer reír. Y muchas veces funciona.

Minuto 1:20

Y lo más importante, ¿existe sangre de Satán en polvo, como el Tang? Sangre de Sa-Tang.

Mi amor por este juego de palabras es completamente subjetivo, pero me fascina que algo pueda resultar tan tonto y efectivo al mismo tiempo.  A partir de ahora, la sangre de Sa-Tang va a ser a mis cócteles lo que el perjil a la cocina de Arguiñano. Sólo con esto, Buenafuente ya se me ha ganado para los 5:23 minutos restantes. Y le perdono hasta que en su boca los hechizos “surjan” efecto.

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-¿Qué haces?

-Nada, aquí sentada esperando a que cualquier cadena o productora compre los derechos de Life Unexpected y me contraten para el proyecto.

-Eso te va a venir muy bien para lo de encontrar trabajo de guionista.

-¿Tú crees?

-Sí, pero lo que no sé es qué tiene de especial esta serie. A ver, ¿de qué va?

-Pues es una chica, a punto de cumplir los 16, que va a conocer a sus padres biológicos para que le firmen los papeles de la emancipación y…

-Espera, espera. ¿Ella por qué no vivía ya con ellos?

-Porque su madre la dio en adopción, porque se quedó preñada cuando tenía 16 años.

-La misma edad que la niña tiene ahora.

-Sí. Y el padre era el quaterback del instituto y se lo hicieron en el asiento trasero del coche la noche de la prom.

Típico.

-Ya, pero ahora el padre es un loser que no tiene ni pa’ pipas y ha montado un bar en el edificio que le ha dado su padre, el abuelo de la niña, que está un poco forrao. Y la madre es locutora de un programa de radio de esos de la hora de desayunar, que es el programa favorito de la niña.

-Qué casualidad. ¿Y está bien?

-Hombre, los cinco capítulos que he visto están muy entretenidos. Tiene momentazos moñas pero es moñez de la buena, de esa que te hace soltar lagrimicas a veces.

-¿Y los padres están juntos?

-No, ella se va a casar con su novio, que es el co-presentador del programa de radio.

-¿Y cómo se quedan con la niña? Porque se la quedan, ¿verdad?

-Para saber eso tendrás que verla.

-Vale, vale. Pero yo no sé qué tal una serie así en España…

-¡Pero si es perfecta! Tienes abuelos, puedes meter a treintañeros y adolescentes buenorros y sigue siendo familiar. Olga dice que habría que pulirse lo de la radio y hacer  a la madre profesora, para ahorrar gastos de producción. Una pena. Yo creo que sólo habría que encontrar la manera de meter niños pequeños y Globomedia te la hace.

-Ala, pues ya sabes. ¡Que pases buen día!

-Igualmente. ¡Chao!

"Cualquier cosa que digas podrá ser interpretada en tu contra"

Paul y sus cinco pacientes: Laura, una anestesista con problemas para comprometerse; Sophie, una gimnasta adolescente con tendencias suicidas; Alex, un piloto de guerra responsable de una masacre en Irak y Jake y Amy, un matrimonio  que tratan de  decidir si ella debe abotar o no. Los capítulos tienen tanto diálogo que los puedes “escuchar” como si fueran un programa de radio o una peli de Woody Allen.  El magnetismo de Gabriel Byrne se multiplica hasta niveles sutiles pero intolerables cuando lo ves sentado en ese sillón.  Y Diane Weist sigue siendo Diane Weist, aunque le haga la cara el mismo cirujano que se la hace a Casiopea. Un par de bueyes que tiran de un carro lleno de actores (Michelle Forbes está inmensa), personajes e historias por las que merece la pena someterse a esta terapia de voyeurismo emocional. Una de esas recomendaciones que te hacen pensar: “Joder, qué bien me conoces”.

Los Protegidos (Ida y Vuelta) no aporta nada nuevo. Quizás si no has visto Los Increíbles las tramas y los personajes puedan llegar a engancharte y seas capaz de ignorar una producción bastante pobre y unos efectos visuales cutrongos. La mezcla “Globomedia meets Heroes” tiene su puntillo curioso y no deja de ser interesante, pero claro, aunque tiene el planteamiento de serie familiar de la primera, le falta -a rabiar- la estética, el ritmo endiablado y los cliffhangers (hablo de la primera temporada) de la segunda. Vaaale, venga, de acueeerdo, ya sabemos que no hay dinero. Pero para una serie de género como ésta por lo menos podría notarse que han hecho un esfuerzo, ¿no?. Porque a nivel de guión está en la media e incluso sobresale a veces, a pesar de la lacra de los 70 minutos. Y aunque quiero mandar a la niña pequeña al bosque con Evelyn y Paula (a ver si el gnomo se las come a las tres de una puñetera vez), Antonio Garrido y Angie Cepeda se lo curran de forma muy aceptable. Y tiene su gracia y sus intenciones encomiables contar una de superhéroes y además les está haciendo un 18%, joder. Y si ya visualmente fuera como Doctor Mateo o Hay alguien ahí… ¿Cuándo tendremos en nuestra ficción esa alineación planetaria que junte el talento de los distintos campos del sector audiovisual para hacer una serie en la que todos los aspectos estén a la altura? Personalmente, espero que la verdad esté ahí fuera. Concretamente en la vuelta de Pelotas.

Pronúnciese “gliii”, proyectando el sonido “iii” placenteramente a través de las fosas nasales, muy a la americana. Y es que nos encontramos, una vez más, en Estados Unidos.

 

Cuando William Schuester, profesor de español (la variante que enseñe está por ver) en un instituto de una localidad perdida de Ohio, decide revivir sus años de éxito y plenitud tomando el mando del club de canto, se echa a la cara un variopinto grupo de adolescentes, cada uno con sus neuras y problemas: una empollona mini-Barbra Streisand (Rachel), un quaterback guapérrimo que canta en la intimidad y al que le falta un hervor (Finn), un gay incipiente  (Kurt) con padre fundamentalista hetero, una diva culona (Mercedes), una asiática tartaja (Tina) y un guitarrista parapléjico (Wheels) . Y conforme avanzan los capítulos, otros compañeros y profesores se van uniendo, dando como resultado un mosaico imposible en la realidad de cualquier instituto americano, pero que aquí casa gracias a la solidez y el atractivo de sus personajes. Porque los giros argumentales de esta dramedia teen son culebroneros y repetitivos, pero la ambición, los juegos de poder y el estigma del perdedor  son temas que enganchan y te hacen saborear ciertos momentos de cada episodio.   Porque los números musicales destrozan las canciones a lo High School Musical, pero están bien coreografiados y mucho mejor realizados (¡qué delicia disponer de presupuesto, mimo y talento!). Porque es una serie musical que se aleja de los límites no aptos para diabéticos del Disney Channel, con un contenido sexual realista y un tratamiento de tramas y situaciones que mantiene un delicado equilibrio entre lo borde y lo edulcorado. Porque en la banda sonora hay demasiadas canciones malas, verisonadas con peores intenciones, pero muchos de los intérpretes son capaces de darlo todo también en el plano del musical y los que no, poseen buenas intenciones y unos personajes aún mejores (Es el caso de la grandiosa Sue Sylvester, una suerte de Clint Eastwood metida a entrenadora de las animadoras). Además, los nombres de los personajes compiten en precisión y musicalidad con los de Mad Men (algunos ejemplos: Mr. Schue, Rachel Berry, Quinn Fabray.) y sobretodo… se trata de  una serie altamente adictiva. Otro ejemplo más de que el futuro está en la hibridación de géneros. Paco, Paco, Paco, que mi Paco.

 

 

Ni muebles de Ikea, ni ropa modernilla, ni nada. A mí no me engañan. Antena 3 quiere hacer un revival de la tele de los 50 y 60, pero por motivos de público objetivo han  decidido ir en plan undercover. Sólo así se explica que después de Matrimonio con Hijos, Infelices para siempreLos Simpson, quieran meter a la audiencia en una cápsula del tiempo y mandarnos de vuelta a La tribu de los Brady. Porque Padres, su nueva tira diaria, tiene el color de la leche desnatada.

Si bien es cierto que una tira en access prime time no tiene por qué ser Los Soprano (para muestra un botón, manga derecha: Yo soy Bea o Escenas de Matrimonio), también es verdad que este espacio en la parrilla parece uno de los pocos aptos para incluir propuestas más innovadoras (botón número 2, manga izquierda: Camera Café, Fibrilando o Impares). Viendo el planteamiento de la nueva serie de Antena 3, está claro que la cadena ha dejado la experimentación para otro rato. Situaciones manidas y nada creíbles, un tono excesivamente ñoño y un humor que busca la complicidad del espectador con chistes sobre (¡dios mío!) revistas porno, el síndrome premenstrual o la hora de llegada a casa. Y lo peor de todo es que es una serie tan blanca que es incapaz de sacarle provecho a las trivialidades con las que juega.

Familia+comedia=disfuncionalidad. Cualquier intento de cambiar la fórmula suele dar como resultado un principio de diabetes. Y ya puestos a hacer audiencias mediocres, propongo que las tiras diarias sean mucho más marcianas y sueño con episodios de entre 10 y 15 minutos en los que:

1- Las protagonistas sean cuatro abuelas. Rollo Sexo en Nueva York. (Propuesta casting: Mariví Bilbao, Concha Velasco, Lina Morgan y Kim Catrall -si baja el caché-).

2- Se mezcle Física o Química con Camera Café y Luz de luna. Guerra de sexos adolescente. Tres chicos y tres chicas cuyas tórridas y problemáticas historias conoceremos mientras usan la máquina de condones/tampones de los baños de su instituto.

3- Varios personajes se peleen en situaciones cotidianas  pero con la particularidad de que hablan con citas célebres. 

JUANITO

Nunca olvido una cara, pero en su caso, estaré encantado de hacer una excepción.

PACO

Quien habla mal de mí a mis espaldas, mi culo contempla.

 

Se aceptan donativos si alguna de estas ideas cuaja. Será todo un honor contribuir a mantener el “nivel” de nuestra cajita tonta…

 

Bicho Malo es una serie que me encantaría que me gustara. Tiene actores simpáticos, una premisa divertida (un muerto que deja en herencia su piso a  sus amigos de la infancia -una panda de perdedores- y se les aparece de uno en uno, sin que los otros lo sepan) y una cabecera que parodia a  la de Sensación de Vivir. A nivel de guión puro y duro, está plagada de situaciones con bastante potencial cómico y chistes con muy buenas intenciones. Pero no funciona, al menos no para mí. Y aunque se sigue emitiendo en Neox, tiene su público y goza de un éxito relativo, está muy lejos de alcanzar el nivel de frescura y las esperanzas de renovación de género que proporcionaba la magnífica Impares (también de la productora Isla).

De verdad que es una serie a la que me gustaría mimar como espectadora. Está hecha con cuatro perras, tiene espíritu gamberro y sin embargo, se desinfla ya desde el primer capítulo. A los personajes les falta cuerpo, definición, las tramas del piloto apenas sirven para que nos hagamos una ligera idea de cómo es el protagonista y estamos hablando de una serie que aspira a ser coral, con seis personajes principales más y unos cuantos secundarios recurrentes. Y luego está la estructura, parece que el encargado de escaletar sea un robot.  Muchas escenas se alargan farragosamente, el número de tramas por capítulo (dos) no concuerda con tanta abundancia de personajes. A veces te preguntas dónde están los demás, o cómo ha llegado este secundario aquí o, incluso peor, qué habrá pasado con X e Y, que hace mucho rato que no los vemos (¿Estaban en este capítulo? Ya no me acordaba). Una planificación muy tosca que hace que cada episodio pierda ritmo y cada trama cohesión.

Y sí, es una auténtica pena. Pero no se puede hacer una serie con borradores de personajes y tramas episódicas que a menudo se deslucen hasta quedar en meros titulares (frases cortas en las que se explica en líneas generales  de qué va la trama). No se pueden plantear los capítulos como una sucesión de sketches, hay que pulir. No estoy diciendo que yo lo haría mejor, pero si hasta a mí se me ocurren formas de mejorarla, ¿por qué no a ellos?

Por lo menos, las ganas de innovar y renovar siguen ahí. A ver si la próxima (La pecera de Eva) les queda mucho más redonda. 


septiembre 2017
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Teasing and braiding can, like any craft, be learned. But as to determining which episodes hold promise (as oysters hold pearls), it is not without justice that this art is called divining.

PARTIDA DE NACIMIENTO